Menores recuperados y un detenido, entre los primeros datos

La noche en Calamar fue distinta. Entre el rumor del río y la espesura, vecinos recuerdan el zumbido que creció hasta convertirse en estruendo. Pasada la medianoche, el cielo se abrió sobre el monte y, con la primera luz, la selva dejó ver los rastros de una operación que el Gobierno reportó con 19 muertos en una estructura del EMC de ‘Iván Mordisco’.

Con las primeras partes, se confirmó además la captura de un presunto integrante, la recuperación de tres menores y la “sometida” de dos personas. La orden vino de la Presidencia y el despliegue combinó plataformas aéreas y tropas en tierra. El resto del día, la gente habló en voz baja, mirando el horizonte verde.

En la cabecera municipal, el comercio abrió tarde. “Se sintió fuerte”, dice un campesino que madrugó a revisar la finca. En la escuela, docentes consultaron si habría clase; padres preguntaron por transporte. La Defensoría anunció verificación por eventuales afectaciones, mientras las autoridades locales pidieron corredores humanitarios.

Desde Bogotá, el Ministerio de Defensa prometió detalles técnicos e identidades cuando avanzaran las labores forenses. El parte militar habló de armas, equipos de comunicación y peritajes en curso. En el puesto de salud, personal médico revisó protocolos por si llegaban evacuaciones.

Los mayores de la comunidad recuerdan que Guaviare ha vivido ciclos similares: calma aparente, repliegues, emboscadas y, a veces, golpes que cambian el mapa. En este 2025, la presión estatal sobre el EMC se ha sentido en varios frentes. Esta vez, la selva alrededor de Calamar fue el escenario.

En las riberas, lancheros comentaban el movimiento de la noche. “Se vieron luces en el monte”, dice uno, señalando una orilla oscura. La Fuerza Pública mantuvo patrullajes para evitar reagrupamientos. La Fiscalía y Medicina Legal iniciaron la identificación de los cadáveres.

El debate llegó a redes: celebraciones por el “golpe” y llamados al DIH para proteger civiles. Organizaciones de derechos humanos pidieron transparencia; el Gobierno respondió que las reglas se cumplieron. La discusión no es nueva, pero cada bombardeo la revive con la misma intensidad.

Para las familias de Calamar, lo inmediato es la vida cotidiana: que la escuela siga, que el mercado llegue por carretera, que el ruido de la noche vuelva a ser el de la selva. En esa normalidad precaria se miden los efectos de la guerra.

El Ministerio de Defensa aseguró continuidad operativa en el área. Las autoridades sociales activaron rutas para los menores recuperados. Y en la orilla del río, mientras cae la tarde, la gente vuelve a hablar de cosechas y de lluvia.

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