Tras la liberación de octubre, quedan historias por cerrar.
En la frontera quedó grabada la imagen del reencuentro: abrazos, lágrimas y una promesa apenas susurrada “faltan más”cuando 17 colombianos cruzaron por el puente Atanasio Girardot el 24 de octubre. Ahora, 18 familias afinan su esperanza: la cumbre CELAC–UE en Santa Marta podría traer la noticia que esperan.
María, hermana de uno de los detenidos, cuenta que hace meses el teléfono suena sin certeza: audiencias aplazadas, defensores nuevos, llamadas que no entran. “Esta vez queremos fechas, no sólo palabras”, dice. La Cancillería asegura que planteará el listado y pedirá acuerdos verificables a su contraparte venezolana.
En Santa Marta, donde la CELAC reúne a líderes de América Latina, el Caribe y Europa, la diplomacia se cruza con historias cotidianas: hijos que cambiaron de colegio, trabajos suspendidos, planes pausados. Rosa Yolanda Villavicencio lidera la gestión y proyecta una reunión con Iván Gil para revisar caso por caso.
Para estas familias, la liberación de octubre fue oxígeno y prueba de que la ruta humanitaria funciona. Pero advierten que no todos regresaron y que las condiciones carcelarias siguen siendo una preocupación. Piden que haya monitoreo internacional y acompañamiento psicosocial a su retorno.
Si hay anuncio en la cumbre, el camino apenas comienza: traslados, exámenes médicos, alojamiento temporal, documentación y reintegración. En la frontera, los equipos consulares tienen listos corredores humanitarios como el que operó en Tienditas.
Colectivos de derechos humanos piden transparencia y acceso a las decisiones judiciales. Autoridades en Santa Marta destacan que la ciudad es escenario de acuerdos y que la Declaración final podría incluir un punto humanitario.
En las próximas horas, el nombre de 18 colombianos podría pasar de una lista diplomática a una lista de viajeros de regreso. Si no, volverán a insistir.
